¿Somos más “globales”?
Por: Hernán Mussa N.
Cosntanza Zambrano G.

Mucho se ha escrito sobre la globalización y sus efectos; escritores como Frances Cairncross y Thomas Friedman describen un escenario donde las fronteras tienden a desaparecer, donde existen fuerzas que facilitan la comunicación, donde comienza a surgir un mundo cada vez más conectado, informado y nivelado en relación a la competitividad global, es decir, un mundo cada vez más “plano”. Sin embargo, en esta voragine de expectativas, surgen otras visiones como la del indio Pankaj Ghemawat, quien asegura: “Lo cierto es que hoy el mundo está lejos de estar conectado [...] a pesar de todo lo que se ha dicho -un planeta en el que la información, las ideas, el dinero y las personas pueden trasladarse más rápido que nunca-, sólo una fracción de lo que consideramos globalización existe en realidad [...] Y lo que los partidarios de esta moda no dicen es que el futuro de la globalización es mucho más frágil de lo que se piensa”.
Las anteriores son algunas de las palabras de Ghemawat presentadas en su artículo “Por qué el mundo aún no es plano”, que apareció en uno de los úlitmos números de la Revista Que Pasa, del cual presentamos un extracto a continuación.
LA DERROTA DE GOOGLE
Si existe un ámbito en el que las fronteras deberían ser insignificantes y en el que los adalides de la globalización deberían estar en lo cierto respecto de sus modelos optimistas, ése debería ser Internet.
Sin embargo, el tráfico web al interior de los países ha crecido mucho más rápido que el que se da entre las distintas naciones. Al igual que en el mundo real, los vínculos de internet decaen con la distancia.
Puede que las personas alrededor del mundo están cada vez más conectadas, pero no se están conectando entre sí. El usuario promedio en Corea del Sur puede que pase varias horas al día on line -en teoría conectado al resto del mundo-, pero es mucho más probable que chatee con amigos de la misma ciudad -o les envie correos electrónicos a familiares dentro de su país- a que conozca a un navegante de Los íngeles o de Sudamérica. Estamos más conectado, pero no somos más “globales”.
Es cosa de revisar Google, el cual proclama que incluye más de 100 idiomas y, en parte por eso, ha sido clasificado como el sitio web más globalizado. Sin embargo, sus operaciones en Rusia (el cofundador de la empresa, Sergey Brin, nació en ese país) sólo ha logrado captar el 28% de ese mercado. El 64% lo tiene la empresa web local, Yandex, líder en servicios de búsqueda de esa nación. De hecho, esta firma y otra -Rambler, también local-representa cerca del 91% del mercado ruso de publicidad on line vinculada a las búsquedas web.
¿Qué es lo que ha bloqueado la expansión de Google en dicho mercado? La razón principal es la dificultad de diseñar un motor de búsqueda que maneje las complejidades lingí¼ísticas del idioma ruso. Además, los competidores locales están más sintonizados con los usuarios, desarrollando, por ejemplo, métodos de pago a través de la banca tradicional para compensar la poca penetración que tienen las tarjetas de crédito.
Y aunque Google ha duplicado su alcance desde 2003, tuvo que establecer una oficina en Moscú y contratar ingenieros de software rusos, subrayando la persistente importancia de la ubicación física. Incluso ahora, las fronteras entre los países definen -y restringen- nuestros movimientos más de lo que la globalización las logra derribar.

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