Sin Participación no hay Agenda Digital 2.0
Como muchos saben el actual gobierno ha tenido paralizada la Agenda Digital. Ese instrumento que en el gobierno anterior había servido de “brújula” para avanzar en la estrategia nacional de incorporación de nuevas tecnologías simplemente no ha sido retomado por la administración de Bachelet. Hasta ahora.
Para muchos de los que asistimos a la celebración del Día de las Telecomunicaciones fue una sorpresa descubrir que finalmente el gobierno había designado un responsable para re-activar la agenda. El personaje en cuestión se llama Alejandro Barros y se supone que cuenta con un mandato directo del Ministro de Economía quien a su vez es la máxima autoridad estatal en esta materia por mandato presidencial.
Con todo lo que uno puede celebrar el hecho de que se ponga en movimiento algo que debió haber estado funcionando desde el primer mes de gobierno, hay un sentimiento extraño en este caso. Tal como informamos ya el 28 de Septiembre pasado, para suplir la falencia del Ministerio de Economía “se había comenzado a trabajar en una nueva Agenda bajo la coordinación de la Subsecretaría de Telecomunicaciones (Subtel) y con participación de varias organizaciones, incluyendo AtinaChile.” (ver artículo completo aquí)
El hecho es que la iniciativa de la Subtel ha logrado articular en un trabajo sistemático a múltiples actores que han ido generando propuestas y discusiones a lo largo de todo el país, siguiendo la forma de Mesa de TICs regionales. Ese trabajo orgánico, democrático y participativo no fue otra cosa que una respuesta de parte de la Subtel al llamado de la Presidenta de la República para tener un gobierno ciudadano.
Pero todo eso cambió con la designación del nuevo Zar de la Agenda Digital. El señor Barros apareció de la noche a la mañana con una propuesta de Agenda Digital que presentó en el día de las Telecomunicaciones frente a representantes de todos los sectores relacionados con el medio tecnológico del país. Pueden agrandar mi foto del evento para ver el detalle de la Agenda de Barros.
Si bien uno puede estar de acuerdo con muchos de los puntos planteados, entre ellos la propuesta que intentará hacer Barros para posicionar el tema del Software Libre (buena suerte le deseamos en eso), es indudable que la aparición repentina de esta propuesta de Agenda Digital 2.0 como se le ha llamado simplemente ha aumentado el escepticismo de alguna gente y la molestia de otra. Por ejemplo, recibimos un email de una persona de la SUBTEL manifestando su profunda preocupación por la imposición de una agenda que no considera todo el trabajo previo y que intenta imponerse (una vez más) desde el nivel central hacia las regiones.
El corolario de esta historia es simple: viejos esquemas centralistas, tecnocráticos y que creen que el enfoque “top-down” es la manera de generar políticas públicas se enfrenta a un enfoque más participativo y democrático, “bottom-up” de consensuar los mejores caminos para darle sentido a una Agenda Digital que no es sólo procedimentalmente más legítima en su formación sino que conceptualmente más acorde con la realidad.
Evidentemente el señor Barros tiene una oportunidad por delante para atraer, invitar y seducir con sus ideas a las decenas de personas que participamos a lo largo de todo Chile en la generación de discusiones tendientes a articular políticas y planes realistas para la implementación de nuevas tecnologías. El no aprovechar esa oportunidad significa crear una Agenda Digital 2.0 que sólo lleva ese apellido para aprovechar una denominación atractiva pero que obviamente tendría un contenido vacío.
Resulta difícil de creer el gigantesco despilfarro que hace el Estado Chileno en pago de licencia de Software que perfectamente podría evitar por el uso de código abierto.
Sólo estos nueve ministerios suman un total de $7.207.027.000, lo que equivale a una cifra varias veces superior al presupuesto anual de más de 200 municipalidades del país (un 57% del total de municipalidades) que tuvieron presupuestos inferiores a 2 mil millones de pesos el 2005.” (Fuente:
¿Y para qué podría haber servido ese dinero?
